El fideicomiso es un negocio jurídico por medio del cual el fideicomitente constituye un patrimonio fiduciario autónomo, cuya titularidad se concede a la institución fiduciaria, para la realización de un fin determinado; pero al expresarse que es un patrimonio fiduciario autónomo, con ello se señala particularmente que es diverso de los patrimonios propios de las partes que intervienen en el fideicomiso, o sea, es distinto a los patrimonios del fideicomitente, del fiduciario y del fideicomisario. Es un patrimonio autónomo, afectado a un cierto fin, bajo la titularidad y ejecución del fiduciario, quien se halla provisto de todos los derechos y acciones conducentes al cumplimiento del fideicomiso, naturalmente de acuerdo con sus reglas constitutivas y normativas. 

La precisión anterior toma especial relevancia tomando en consideración que, el patrimonio fideicomitido se enajena del patrimonio del fideicomitente y se afecta para la consecución de un fin particular, el acordado pro las partes en el propio contrato de fideicomiso, este cumplimiento deberá lograrlo a través de los actos que realiza el fiduciario, quien en todo momento deberá conducirse con suma precaución, defendiendo el patrimonio fideicomitido, lo anterior según lo dispuesto por el artículo 356 de la Ley de Instituciones de Crédito.

Cuando una institución de crédito en su carácter de fiduciaria ejerce los derechos derivados de un fideicomiso, debe ser representada por un delegado fiduciario y no por cualquier apoderado de la institución bancaria; delegado aquél cuyas facultades se limitan a las cuestiones relativas del negocio correspondiente, es decir, del fideicomiso, careciendo de potestad para representar a la institución de crédito en cuestiones que repercutan en el patrimonio propio de ésta. Lo anterior se desprende claramente del artículo 80 de la Ley de Instituciones de Crédito, lo que refuerza el carácter de autonomía del que goza el patrimonio del fideicomiso, lo que se insiste cobra especial relevancia, en virtud de que se trata de un patrimonio de afectación que no puede verse modificado por hecho distinto a aquel que se relacione con el fin para el cual el fideicomiso fue creado, pues de lo contrario el fiduciario actualizará responsabilidad frente al fideicomisario. 

Si con la afectación de bienes a un fideicomiso se genera jurídicamente una transmisión de propiedad, que vale la pena resaltar, da origen a un patrimonio autónomo, y con ello se impide que dichos bienes sean posteriormente afectados por actos dirigidos en lo personal en contra del fideicomitente, lo mismo sucederá con los bienes propiedad del Fiduciario, quien, vale la pena resaltar no aporta su patrimonio sino que, es la persona encargada de velar por el cumplimiento de los fines del fideicomiso; más no está obligada jurídicamente a responder con su propio patrimonio respecto de obligaciones que son inherentes al patrimonio autónomo que integra el fideicomiso mismo. 

De lo anterior se advierte que, los patrimonios que se relacionan con el propio del fideicomiso no pueden ni deben confundirse, por el contrario, se debe respetar su autonomía, legalmente reconocida y soportada con sendos criterios jurisprudenciales, impidiendo que se confundan en perjuicio de las instituciones fiduciarias los patrimonios, buscando injustificadamente que sea la propia fiduciaria la que responda con su propio patrimonio de aquellas responsabilidades que se encuentran directamente relacionadas con el patrimonio autónomo creado por las partes en el contrato de fideicomiso. 

Ahora, lo que se debe buscar en los asuntos relacionados con el fideicomiso es precisar que el delegado fiduciario no puede, en ninguna circunstancia comprometer el patrimonio personal de la institución bancaria y que en todo caso el patrimonio obligado en ese tipo de asuntos lo será el patrimonio autónomo creado con motivo del fideicomiso.